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En medio de una multitud, en medio de “la normalidad”, en medio de lo cotidiano, en medio de los pensamientos en los que transita absorto el ser humano, de repente, sin previo aviso, sin piedad ni contemplaciones… irrumpe el terror vestido de sangre y destrucción, de gritos y llantos, de cuerpos mutilados, de escombros y hierros retorcidos, de fuego, humo y desolación.

 

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Como una ráfaga de balas el terror atraviesa las mentes y los corazones de los desprevenidos ciudadanos que confiaron en que sus gobernantes los protegerían, pero otra vez un acto terrorista ha sido llevado a cabo… por el propio gobierno.

A esta descripción ilustrativa, mas por desgracia no ficticia, se la conoce como atentado de “falsa bandera” o autoatentado. Los invito a descubrir por qué no deberíamos creer en las teorías conspirativas, pero sí en las conspiraciones.

 

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¿Qué son y para qué se realizan los atentados de “falsa bandera”?

Las operaciones de falsa bandera son acciones encubiertas llevadas a cabo por una élite dentro de los gobiernos en coordinación con las agencias de inteligencia propias y extranjeras, financiadas y alentadas muy por lo general desde el poder económico de instituciones privadas como, por ejemplo, la banca internacional. Están diseñadas para parecer obra de determinados individuos, entidades o Estados, persiguiendo alcanzar objetivos políticos, estratégicos y finalmente económicos, haciendo aparecer como responsables a un país, grupo o ideología, desde la “derecha” a la “izquierda”, desde el catolicismo al islamismo, a quienes se inculpará y demonizará por las acciones violentas que, en realidad, son prefabricadas para este fin. Sirviendo para “arrear” cual borregos a la opinión pública para que respalde “la guerra contra el terror” y a su vez generando el tan ansiado “casus belli” o motivo de guerra. ¡Sí, ese inconmensurablemente rentable negocio de la guerra! ¿Le parece esta metodología demasiado retorcida? Bien, ¡pues lo es!

Alguien que sabía mucho sobre el manejo de masas dijo: “Las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña” (Adolf Hitler).

 

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Atentados de falsa bandera, un acto perverso con pasado y presente

El gran incendio de Roma

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Según el historiador y político Tácito, en la noche del 19 de julio del año 64 de nuestra era, el emperador Nerón ordenó incendiar Roma.

Para entonces Roma contaba con un total de 14 distritos de los cuales 4 resultaron completamente arrasados por las llamas mientras otros 7 fueron parcialmente dañados. Nerón culpó sin evidencia alguna a los pacíficos cristianos (a quienes ya perseguía despiadadamente) y “aprovechó” el área que las llamas destruyeron para construir el “domus aurea” o “la casa de oro”, un sueño que le obsesionaba y “gracias a aquel atentado” finalmente pudo concretar. Un gigantesco palacio que ostentaba grandes lujos y extravagancia justo en el centro de la ciudad. Roma había “apagado” su incendio con la sangre de innumerables cristianos a quienes hoy se podría acusar de ¿terroristas?, por favor piénselo.

Aquí haremos una pausa para analizar los cinco pilares donde se erigen los atentados de falsa bandera: 1) el poder político, 2) el impacto social del atentado en sí, 3) el mayor beneficiario, 4) el “chivo expiatorio” o falso culpable y 5) la desinformación maliciosa de la prensa prostituta o “medios masivos de comunicación”, una herramienta fundamental de la élite del poder mundial para desviar, aún a los mismos periodistas, de la verdad. Aquí vemos nuevamente la eficaz fórmula para el control social de “problema, reacción, solución” que expuse en artículos anteriores; se genera un problema: el atentado, se provoca una reacción: el terror en la población y se ofrece una “solución” que generalmente consiste en cercenar las libertades individuales en pro de la seguridad colectiva. Una mentira repugnante del “sistema” para asegurar su supervivencia, no la nuestra.

 

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En medio de este afán de supervivencia a toda costa que tienen las élites del poder financiero internacional encontraremos todo tipo de “buenas intenciones” como: liberar países petroleros de regímenes no alineados con Washington como sucedió desde Irak, hasta controlar los campos de amapolas del opio (materia prima para el multimillonario negocio del tráfico de heroína) en Afganistán, pero no sin antes pasar por el continente africano y asesinar a Muamar El Gadafi en Libia que con el dinar de oro amenazó con salir del dólar y establecer así un nuevo patrón económico para el comercio mundial de petróleo.

 

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Con la noticia de la creación de dicha moneda soberana respaldada por el petróleo libio y por su propio peso en oro, tuvieron que lidiar en la entidad privada que controla y emite los dólares “LA FED” o Reserva Federal de los Estados Unidos. Tenga por seguro que esto no les agradó en lo absoluto.

¿Se imagina una moneda que como respaldo tenga una potencia militar? Deje de imaginar, le presento al dólar y al ejército de los Estados Unidos de América.

 

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Ahora que hemos delineado los conceptos básicos de la estrategia geopolítica y la utilidad que en ella tienen los atentados de falsa bandera, repasemos brevemente algunos acontecimientos modernos que generan suspicacias, pues muy bien encajan en los que podrían ser atentados de falsa bandera.

Para no hacer en exceso extensa la información, sólo se resaltarán algunos detalles que hacen a cada caso expuesto a continuación.

 

Atentado al acorazado Maine

 

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En la noche del 15 de febrero de 1898 el acorazado norteamericano Maine explosionó en la Bahía de La Habana, Cuba, dejando un saldo de 268 muertos. Su capitán y la mayoría de los oficiales “afortunadamente” no se encontraban en la nave al momento de la explosión.

Este incidente dio lugar a la guerra hispano-estadounidense, pues se acusó a España de dicho atentado. Estados Unidos pudo entonces apoderarse de las colonias que le quedaban a España en América y el Pacífico. Recién en 1975 el Almirante norteamericano Hyman Rickover dijo que: “una fuente interna fue la causa de la explosión del Maine.

¿Qué habrá querido decir con la expresión “fuente interna”? En fin…

 

El hundimiento del RMS LUSITANIA

 

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A diez meses del comienzo de la Primera Guerra Mundial, concretamente el 7 de mayo de 1915 el buque británico era hundido por el submarino alemán U-20 en “llamativas circunstancias”. Veamos: este navío servía a un mismo tiempo como transporte de pasajeros y de material bélico encubierto entre su carga “civil” habitual (llevaba miles de granadas y cajas con munición); de hecho tenía tres manifiestos de carga diferentes con el propósito de ocultar dicho material bélico a las autoridades portuarias. En septiembre de 1914 el constructor naval Leonard Paskett inspeccionó el Lusitania en compañía de nada menos que el Primer Ministro británico Winston Churchill y le hizo notar que la embarcación no podría ser eficazmente evacuada en caso de ser torpedeada. Atónito debió quedar ante la respuesta de Churchill: “éste es otro cebo viviente de 45.000 toneladas!”. Ese cebo viviente transportaba a 1.959 personas.

El 23 de abril de 1915, una semana antes de la partida del Lusitania, la embajada alemana publicó una casi desesperada advertencia en los periódicos que textualmente decía: “Atención! – Se recuerda a los pasajeros que tengan la intención de cruzar el Atlántico, que existe el estado de guerra entre Alemania y Gran Bretaña, y que la zona de guerra comprende las aguas adyacentes a las Islas Británicas; que las embarcaciones con bandera de Inglaterra o cualquiera de sus aliados se arriesgan a ser atacadas en tales aguas, y que los viajeros que atraviesen la zona de hostilidades en barcos de Gran Bretaña o cualquiera de sus aliados lo hacen por su cuenta y riesgo.

Embajada Imperial Alemana
en Washington D.C.

Datado 23 de abril de 1915”.

¿Estaba Alemania más interesada que Gran Bretaña por la vida de los mismos británicos? Así parece.

Asimismo Joseph Kenworthy del Servicio Secreto Naval pone en conocimiento del Almirante Sir. John Arbuthnoth Fisher y del mismo Winston Churchill que se había divisado al submarino alemán U-20 en las cercanías del trayecto del Lusitania, quien debía encontrarse con el crucero Juno, que le serviría de escolta. Fue también Churchill quien no sólo ordenó que el crucero Juno volviera a puerto, dejando así indefenso al Lusitania, sino que además no advirtió a su experimentado Capitán William Thomas Turner de la presencia de un submarino en su ruta.

La tragedia fue servida en bandeja de plata. Blanco de un torpedo alemán este “cebo viviente de 45.000 toneladas” conocido como el RMS Lusitania se hundió en 18 minutos. 1.198 pasajeros murieron, entre los que se contaban 124 norteamericanos, 94 niños y 35 bebés. Esta “crónica de una muerte anunciada” sirvió para generar un “casus belli” o motivo de guerra para arrastrar a los Estados Unidos a la guerra contra Alemania. Hoy, a casi cien años de este hecho, un escenario similar se levanta, donde Israel busca el apoyo militar de los Estados Unidos para atacar a Irán, roguemos que no suceda otro atentado como el del Lusitania o aún peor.

 

El ataque a Pearl Harbour

 

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El domingo 7 de diciembre de 1941 “una fecha que vivirá en la infamia” según rezaron las palabras de Franklin Delano Roosevelt, por entonces presidente de los Estados Unidos de América, sin embargo, esta “infamia” podría no deberse al ataque de la aviación de la Marina Imperial Japonesa, sino a la inacción de los Estados Unidos que la hicieron posible. Veamos: este “ataque sorpresa” genera muchas dudas sobre si realmente fue una “sorpresa” para los Estados Unidos pues el 27 de enero de 1941, más de 11 meses antes del ataque, Joseph C. Grew, embajador estadounidense en Japón, despachó un cable informando (¡casi un año antes!) que se estaba preparando un ataque contra la Bahía de Pearl. También el 24 de septiembre de 1941 un mensaje de la inteligencia naval japonesa fue descifrado; en dicho mensaje se solicitaba la ubicación exacta de los buques en Pearl Harbour, pero Washington optó por no compartir esta información con los oficiales de su propia marina. En total Tokio enviaría más de mil mensajes haciendo referencia al ataque a Pearl Harbour. ¿Sería por eso que ningún portaaviones de la marina estadounidense se encontraba en Hawai al momento del ataque?

El Lexington, Saratoga, Enterprise, Yorktown y el Hornet junto a otros sendos navíos de guerra “casualmente” no estuvieron a disposición de los bombarderos japoneses.

2.402 muertos y 1.247 heridos garantizaron el pleno apoyo del pueblo norteamericano a su gobierno y a la declaración de guerra a Japón tan sólo un día después del ataque a Pearl Harbour.

 

Ataque al USS Liberty

 

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El 8 de junio de 1967 mientras Israel llevaba a cabo “la guerra de los seis días” contra Egipto, el buque de inteligencia electrónica USS Liberty fue atacado por la aviación y lanchas torpederas hebreas mientras se encontraba en aguas internacionales en la península del Sinaí.

Jets de combate Mirage y Mystere, junto a torpederos del IDF, Fuerzas de Defensa Israelíes (por sus siglas en inglés), mataron  a 34 marineros e hirieron otros 170, según testimonios de los sobrevivientes hasta las balsas salvavidas donde trataban de evacuarse los norteamericanos fueron ametralladas.

El USS Liberty quedó seriamente dañado y su ensangrentada tripulación desconcertada… ¿Por qué Israel atacaría a un aliado?

 

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La respuesta oficial de Israel fue que este incidente se debió a una “desafortunada cadena de errores” de su mando al confundir al USS Liberty con el destructor egipcio El Quseir. A pesar de que el Liberty era mucho más grande y no tenía virtualmente armamento, a diferencia de lo que es un destructor (sólo llevaba 4 ametralladoras cal 12.7 mm) pues era un buque de inteligencia electrónica que estaba captando todas las transmisiones de radio que Israel estaba teniendo, hasta que puntualmente se le destruyeron todas sus antenas de radio y radar.

Están quienes piensan que fue un lamentable error… y están los que piensan que puesto que el Liberty estaba captando la información de que la toma de los Altos del Golam era inminente, los espías de la entonces URSS infiltrados en la inteligencia norteamericana iban a filtrar esta información a Rusia, quien vendría en ayuda de Siria y comprometería la operación bélica de Israel. Una investigación independiente dirigida por el entonces director de la CIA, Richard Helms concluyó que el ataque fue deliberado.

 

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Los atentados contra “las torres gemelas” del 11 de septiembre de 2001

 

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Este suceso verdaderamente marca un hito pero no en la historia de los atentados terroristas, pues en mi opinión, el mayor atentado terrorista hasta la fecha ocurrió el 6 de agosto de 1945 en Hiroshima, Japón, donde 100.000 personas fueron incineradas en el primer genocidio nuclear de la historia, por supuesto, perpetrado por los Estados Unidos de Norteamérica.

El evento del 11 de septiembre de 2001 marca un paradigma, una verdadera bisagra de la historia de la ingeniería social, de la manipulación de masas y de la opinión pública a nivel global en una “acción psicológica”, una puesta en escena por los medios masivos de desinformación, léase las grandes cadenas de “noticias” al servicio del dinero mas no de la verdad. Por este motivo los atentados del 11 de septiembre de 2001 serán objeto de un extenso y minucioso análisis en una futura publicación, no obstante, he aquí una breve reseña de los hechos que evidencian que no siempre debemos creer aún en lo que “creemos ver”.

El día martes 11 de septiembre del año 2001 las torres gemelas del Word Trade Center en EE.UU. sufrieron un atentado terrorista sin precedentes en suelo norteamericano.

La versión oficial de los hechos proporcionó el argumento y motivo necesario para el expansionismo imperial de los Estados Unidos y sus Estados lacayos de la OTAN, quienes mediante la fuerza militar han podido controlar, léase, apropiarse, desde el petróleo de Irak hasta el opio de Afganistán, materia prima para la fabricación de la heroína.

El profesor David Ray Griffin, examinó el informe de la comisión investigadora de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y encontró “apenas” 115 “omisiones y manipulaciones” tendientes a ocultar la verdad sobre lo que realmente ocurrió en dichos atentados. Aquí están:

  1. Omisión de la prueba de que por lo menos 6 de los supuestos secuestradores aéreos (entre ellos Waled al-Shehri, acusado por la Comisión de haber apuñaleado a una azafata del vuelo UA11 antes del choque del avión contra la torre norte del World Trade Center) están vivos actualmente (19-20).
  2. Omisión de pruebas sobre Mohamed Atta (como su pronunciada inclinación por la bebida, por la carne de puerco y las exhibiciones eróticas privadas o lap dances) que contradicen las afirmaciones de la Comisión de que Atta se había convertido en un fanático religioso (20-21).
  3. Confusión voluntariamente creada alrededor de las pruebas que demuestran que Hani Hanjur era tan mal piloto que nunca hubiera sido capaz de lograr estrellar un avión de pasajeros contra el Pentágono (21-22).
  4. Omisión del hecho que las listas de pasajeros (flight manifests) que se hicieron públicas no contenían ningún nombre árabe (23).
  5. Omisión del hecho que nunca, ni antes ni después del 11 de septiembre, se ha visto que un incendio haya provocado el desplome total de un edificio con estructura de acero (25).
  6. Omisión del hecho que los incendios de las Torres Gemelas no fueron ni extremadamente extensos ni especialmente intensos y que ni siquiera duraron mucho tiempo comparados con otros incendios ocurridos en rascacielos (con estructuras) similares sin que estos últimos se desplomaran (25-26).
  7. Omisión del hecho que, dada la hipótesis que el incendio provocó los derrumbes, la torre sur, que fue golpeada después que la torre norte y afectada por un incendio de menor intensidad, no debería haber sido la primera en desplomarse (26).
  8. Omisión del hecho que el edificio n°7 del World Trade Center (contra el cual no se estrelló ningún avión y que sólo sufrió pequeños incendios muy localizados) también se desplomó, hecho sobre el cual la Agencia Federal para el Manejo de Situaciones de Emergencia (FEMA) confesó que no podía ofrecer ninguna explicación (26).
  9. Omisión del hecho que el derrumbe de las Torres Gemelas (y el del edificio n°7) presenta al menos 10 características de haber sido producto de una demolición controlada (26-27).
  10. Afirmación según la cual el núcleo de la estructura de cada una de las Torres Gemelas era «un pozo de acero vacío», afirmación que niega la presencia de 47 columnas de acero macizo que eran en realidad el centro de cada torre. Según la teoría del «apilamiento de pisos» (the «pancake theory») que explica los derrumbes, varias decenas de metros de esas columnas de acero macizo debieran haber quedado en pie (27-28).
  11. Omisión de la declaración de Larry Silverstein [el propietario del WTC], declaración según la cual el propio Silverstein en coordinación con los bomberos decidió «demoler» –en lenguaje técnico (to «pull»)– el edificio n°7 (28).
  12. Omisión del hecho que el acero de los edificios del WTC fue rápidamente recogido del lugar de los hechos y enviado al extranjero por vía marítima ANTES de que pudiera ser analizado en busca de huellas de explosivos (30).
  13. Omisión del hecho que el edificio n°7 había sido evacuado antes de su derrumbe, lo implica que la razón que se dio oficialmente para acelerar lo más posible la recogida del acero [en aquel lugar] (porque podía haber sobrevivientes bajo los escombros) no tenía ningún sentido en el caso de este edificio (30).
  14. Omisión de la declaración del alcalde R. Giuliani quien dijo que se le advirtió de antemano que el WTC iba a derrumbarse (30-31).
  15. Omisión del hecho que Marvin Bush, hermano del presidente estadounidense, y su primo Wirt Walker III eran los directores de la compañía encargada de garantizar la seguridad del WTC (31-32).
  16. Omisión del hecho que el ala oeste del Pentágono, [la misma que fue impactada el 11 de septiembre], era precisamente, por diversas razones, la que menos posibilidades tenía de ser blanco de los terroristas de al-Qaeda (33-34).
  17. Omisión de toda discusión tendiente a determinar si los daños que sufrió el Pentágono correspondían realmente con los daños que podría haber provocado el impacto de un Boeing 757 desplazándose a varios cientos de kilómetros por hora (34).
  18. Omisión del hecho que existen fotos que demuestran que la fachada del ala oeste no se derrumbó hasta 30 minutos después del impacto y que el orificio de entrada es demasiado pequeño para el diámetro de un Boeing 757 (34).
  19. Omisión de todo testimonio contradictorio sobre la presencia o la ausencia de pedazos visibles de un Boeing 757, ya sea dentro o fuera del Pentágono (34-36).
  20. Ausencia total de discusión tendiente a determinar si el Pentágono disponía de un sistema de defensa antimisiles capaz de derribar un avión de pasajeros, aún cuando la Comisión sugirió que los terroristas de al-Qaeda decidieron no atacar una central nuclear precisamente porque pensaron que esta dispondría de ese tipo de defensa (36).
  21. Omisión del hecho que las imágenes provenientes de diferentes cámaras (incluyendo las de la gasolinera que se encuentra frente al Pentágono, confiscadas por el FBI inmediatamente después del impacto) podrían ayudar a determinar qué fue realmente lo que impactó el Pentágono (37-38).
  22. Omisión de la alusión del secretario de Defensa D. Rumsfeld a «un misil[ utilizado] para golpear [el Pentágono]» (39).
  23. Aprobación aparente de la respuesta, totalmente insatisfactoria, a la pregunta tendiente a saber por qué los agentes del Servicio Secreto permitieron que el presidente Bush permaneciera en la escuela de Sarasota cuando, según la versión oficial, deberían haber pensado que un avión secuestrado podía tener esa misma escuela como blanco (41-44).
  24. Fracaso en explicar por qué el Servicio Secreto no pidió una escolta de aviones de caza para [el avión presidencial] Air Force One (43-46).
  25. Afirmaciones según las cuales en el momento en que el cortejo presidencial llegó a la escuela [de Sarasota], ninguno de los asistentes sabía que varios aviones habían sido secuestrados (47-48).
  26. Omisión del informe según el cual el secretario de Justicia John Ashcroft había recibido una advertencia para que dejara de viajar en líneas aéreas comerciales antes del 11 de septiembre (50).
  27. Omisión de la afirmación de David Schippers de que, basándose en informaciones provenientes de agentes del FBI sobre posibles ataques en el sur de Manhattan, él había tratado infructuosamente de transmitir dicha información al secretario de Justicia John Ashcroft durante las 6 semanas anteriores al 11 de septiembre (51).
  28. Omisión de toda mención sobre el hecho que agentes del FBI afirmaron tener conocimiento de los blancos y fechas de los ataques [terroristas] mucho antes de los hechos (51-52).
  29. Afirmación, mediante una refutación circular que da la cuestión por resuelta, de que el desacostumbrado volumen de compras de acciones en baja antes del 11 de septiembre no implica que los compradores supieran de antemano que los ataques iban a producirse (52-57).
  30. Omisión de los informes según los cuales el alcalde [de San Francisco] Willie Brown y ciertos responsables del Pentágono fueron advertidos de que no debían tomar el avión del 11 de septiembre (57).
  31. Omisión del informe según el cual Osama ben Laden, que ya en aquel entonces era el criminal más buscado por Estados Unidos, fue atendido en julio de 2001 por un doctor estadounidense en el hospital estadounidense de Dubai y que recibió allí la visita de un agente local de la CIA (59).
  32. Omisión de los artículos que sugieren que, después del 11 de septiembre, el ejército estadounidense permitió deliberadamente la fuga de Osama ben Laden (60).
  33. Omisión de informes, entre ellos el que reportaba la visita del jefe de los servicios de inteligencia de Arabia Saudita a Osama ben Laden en el hospital de Dubai, que entran en contradicción con la versión oficial de que la familia de Ben Laden y su país han renegado de este (60-61).
  34. Omisión del resumen de Gerald Posner sobre el testimonio de Abu Zubaydah, según el cual tres miembros de la familia real saudita (que murieron los tres misteriosamente con sólo 8 días de intervalo) estaban financiando a al-Qaeda y conocían de antemano la realización de los ataques del 11 de septiembre (61-65).
  35. Desmentido de la Comisión sobre el descubrimiento de una prueba del financiamiento de los sauditas a al-Qaeda (65-68).
  36. Desmentido de la Comisión sobre el descubrimiento de una prueba que demuestra que dinero perteneciente a la esposa del príncipe Bandar, la princesa Haifa, fue entregado a agentes de al-Qaeda (69-70).
  37. Desmentido, que simplemente ignoró la diferencia existente entre vuelos privados y vuelos comerciales, sobre el hecho que el vuelo privado en el que varios sauditas viajaron el 13 de septiembre desde Tampa hasta Lexington violó los reglamentos sobre el espacio aéreo establecidos en aquella fecha (71-76).
  38. Desmentido sobre la autorización extendida a varios sauditas para que salieran del territorio de Estados Unidos poco después del 11 de septiembre sin que esas personas fuesen sometidas a una investigación apropiada (76-82).
  39. Omisión de la prueba que demuestra que el príncipe Bandar obtuvo una autorización especial de la Casa Blanca para los vuelos de los sauditas (82-86).
  40. Omisión de la afirmación de Coleen Rowley según la cual responsables del Cuartel General del FBI habían visto el memo de Phoenix del agente Kenneth Williams (89-90).
  41. Omisión del hecho que el agente del FBI en Chicago Robert Wright afirma que el Cuartel General del FBI cerró su investigación sobre una célula terrorista y trató posteriormente de intimidarlo para impedir que publicara un libro en el que relata sus experiencias (91).
  42. Omisión de la prueba que demuestra que el Cuartel General del FBI saboteó el intento de Coleen Rowley y de otros agentes [del FBI] de Minneapolis de obtener una orden de búsqueda para conseguir la computadora de Zacarias Moussaoui (91-94).
  43. Omisión de las tres horas y media de testimonio que prestó ante la Comisión la ex traductora del FBI Sibel Edmonds que, según una carta que ella misma hizo pública y que dirigió al presidente [de la Comisión] Kean, revelaba serias disimulaciones por parte de responsables del FBI en relación con el 11 de septiembre y dentro del propio Cuartel General del FBI (94-101).
  44. Omisión del hecho que el general Mahmud Ahmad, jefe del ISI [los Servicios de Inteligencia pakistaníes], se encontraba en Washington una semana antes del 11 de septiembre y que se reunió allí con el director de la CIA, George Tenet, así como con otros altos responsables estadounidenses (103-04).
  45. Omisión de la prueba que demuestra que Ahmad, el jefe del ISI [los Servicios de Inteligencia pakistaníes] ordenó el envío de 100 000 dólares a Mohamed Atta antes del 11 de septiembre (104-07).
  46. Afirmación de la Comisión de que no encontró prueba alguna de que algún gobierno extranjero, incluyendo al de Pakistán, haya financiado a agentes de al-Qaeda (106).
  47. Omisión del informe según el cual la administración Bush presionó a Pakistán para que Ahmad fuese destituido de su cargo de jefe del ISI después de la divulgación de la información que revelaba que este había ordenado el envío de dinero del ISI a Mohamed Atta (107-09).
  48. Omisión de la prueba que el ISI (y no sólo al-Qaeda) se encontraba detrás del asesinato de Ahmad Shah Massud (el comandante de la Alianza del Norte en Afganistán) que se produjo precisamente después de un encuentro que duró una semana entre responsables de la CIA y del ISI (110-112).
  49. Omisión de la prueba que demuestra que el ISI está implicado en el secuestro y posterior asesinato de Daniel Pearl, periodista del Wall Street Journal (113).
  50. Omisión del informe de Gerald Posner según el cual Abu Zubaydah afirmó que un oficial militar pakistaní, Mushaf Ali Mir, que mantenía estrechos vínculos con el ISI y con al-Qaeda sabía de antemano de los ataques del 11 de septiembre (114).
  51. Omisión de la predicción que hizo, en 1999, Rajaa Gulum Abbas, agente del ISI, de que las Torres Gemelas «se derrumbarían» (114).
  52. Omisión del hecho que el presidente Bush y otros miembros de su administración se refirieron repetidamente a los ataques del 11 de septiembre como «oportunidades» (116-17).
  53. Omisión del hecho que el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano («The Project for the New American Century»), muchos de cuyos miembros se convirtieron en figuras claves de la administración Bush, publicó en el año 2000 un documento que decía que un «nuevo Pearl Harbour» ayudaría a conseguir fondos para una rápida transformación tecnológica del aparato militar estadounidense (117-18).
  54. Omisión del hecho que Donald Rumsfeld, quien fue presidente de la comisión del US Space Command y había recomendado aumentar el presupuesto destinado a este, se valió de los ataques del 11 de septiembre, en la tarde de ese mismo día, para garantizar esos fondos (119-22).
  55. No se mencionó que las tres personas responsables del fracaso de los esfuerzos por prevenir los ataques del 11 de septiembre (el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, el general Richard Myers y el general Ralph Eberhart) eran también los tres principales promotores del US Space Command (122).
  56. Omisión del hecho que Unocal había declarado que los talibanes no podían garantizar la seguridad adecuada para emprender la construcción de sus pipelines (para petróleo y gas) a partir de la cuenca del Caspio y a través de Afganistán y Pakistán (122-25).
  57. Omisión del informe según el cual representantes de Estados Unidos dijeron durante un encuentro, en julio de 2001, que ya que los talibanes rechazaban su proposición de construir un oleoducto, una guerra contra ellos comenzaría en octubre (125-26).
  58. Omisión del hecho que en su libro, publicado en 1997, Zbigniew Brzezinski escribía ya que para que Estados Unidos pueda mantener su predominio global es necesario que ese país controle el Asia central, con sus vastos recursos petrolíferos, y que un nuevo Pearl Harbour sería útil para obtener el apoyo de la opinión pública estadounidense a esos designios imperiales (127-28).
  59. Omisión del hecho que miembros claves de la administración Bush, entre ellos Donald Rumsfeld y su delegado Paul Wolfowitz, se esforzaron durante muchos años por desatar una nueva guerra contra Irak (129-33).
  60. Omisión de los apuntes de las conversaciones de Donald Rumsfeld correspondientes al 11 de septiembre que demuestran que este estaba decidido a utilizar los ataques como pretexto para desatar una guerra contra Irak (131-32).
  61. Omisión de la declaración que aparece en el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, según la cual «la necesidad de una fuerte presencia estadounidense en el Golfo va más allá del tema del régimen de Sadam Husein» (133-34).
  62. Afirmación según la cual el protocolo de la FAA (Federal Aviation Agency) sobre lo sucedido el 11 de septiembre requería un largo proceso de aplicación que tenía que pasar por varias etapas de la cadena de mando cuando el propio Informe Oficial [de la Comisión] cita pruebas de lo contrario (158).
  63. Afirmación según la cual en aquellos días sólo dos bases de la fuerza aérea estadounidense del sector noreste del NORAD (North American Aerospace Defense Command o Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte) mantenían cazas en alerta y, en particular, que no había aviones de combate en alerta en las bases de McGuire y de Andrews (159-162).
  64. Omisión del hecho que la base Andrews de la fuerza aérea estadounidense tenía varios aviones de caza en alerta permanente (162-64).
  65. Aceptación de la doble afirmación según la cual el coronel Marr, del NEADS (North East Air Defense Sector), tenía que comunicarse telefónicamente con un superior para que este lo autorizara a enviar aviones de caza desde [la base] de Otis y que necesitó 8 minutos para realizar esa llamada (165-66).
  66. Aprobación de la afirmación según la cual la pérdida de la señal del transpondedor de un avión hace prácticamente imposible la localización de la nave por los radares militares estadounidenses (166-67).
  67. Afirmación según la cual la intercepción de Stewart Payne no demostró que el tiempo de respuesta del NORAD en el caso del vuelo AA11 fue extraordinariamente lento (167-69).
  68. Afirmación según la cual los cazas de la base de Otis se mantuvieron en tierra durante 7 minutos después de haber recibido la orden de despegue porque no sabían adónde volar (174-75).
  69. Afirmación según la cual las fuerzas armadas estadounidenses no sabían del desvío del vuelo UA175 hasta las 9h30, momento exacto en que este vuelo se estrelló contra la torre sur del WTC (181-82).
  70. Omisión de toda explicación sobre (a) la razón por la cual un informe anterior del NORAD, según el cual la FAA notificó a los militares el desvío del vuelo UA175 a las 8h43, se considera ahora como falso y (b) cómo fue que ese informe, si era falso, pudo ser publicado y se mantuvo como válido durante cerca de 3 años (182).
  71. Afirmación según la cual la FAA no estableció la teleconferencia sino a partir de las 9h20 de aquella mañana (183).
  72. Omisión del hecho que un memo de Laura Brown, de la FAA, afirma que la teleconferencia se estableció sobre las 8h50 y que trató precisamente sobre el desvío del vuelo UA175 (183-84, 186).
  73. Afirmación según la cual la teleconferencia del NMCC, (Centro de Mando Militar o National Military Command Center) no comenzó antes de las 9h29 (186-88).
  74. Omisión, en la afirmación de la Comisión de que el vuelo AA77 no se desvió de su trayectoria antes de las 8h45, del hecho que la hora mencionada en informes anteriores fue las 8h46 (189-90).
  75. Fracaso en mencionar que el anuncio de la caída de un jet en Kentucky, poco después del momento en que el vuelo AA77 desapareciera del radar de la FAA, fue tomada lo bastante en serio por los responsables de la FAA y de la unidad antiterrorista del FBI como para que estos la enviaran a la Casa Blanca (190).
  76. Afirmación según la cual el vuelo AA77 voló durante cerca de 40 minutos por el espacio aéreo estadounidense en dirección a Washington sin ser detectado por los radares militares (191-92).
  77. Fracaso en explicar, si el anterior informe del NORAD según el cual se le informó a este –a las 9h24– que la trayectoria del vuelo AA77 era «incorrecta», cómo fue que ese informe erróneo pudo salir a la luz, o sea que se trata de saber si los responsables del NORAD mintieron o si fueron «embaucados» durante cerca de tres años (192-93).
  78. Afirmación según la cual los aviones de combate de Langley, que según dijera primeramente el NORAD fueron enviados a interceptar el vuelo AA77, fueron realmente desplegados como respuesta a un informe erróneo de un controlador (no identificado) de la FAA de las 9h21 de que el vuelo AA11 se encontraba aún en vuelo y que se dirigía hacia Washington (193-99).
  79. Afirmación según la cual los militares no fueron contactados por la FAA sobre el probable secuestro del vuelo AA77 antes del impacto contra al Pentágono (204-12).
  80. Afirmación de que Jane Garvey no se sumó a la videoconferencia de Richard Clarke hasta las 9h40, o sea después del impacto contra el Pentágono (210).
  81. Afirmación de que ninguna de las teleconferencias logró coordinar la FAA y las respuestas de los militares a los secuestros porque «ninguna [de las mismas] incluía a los responsables adecuados en el seno de la FAA y del Departamento de Defensa», aunque Richard Clarke dice que su propia videoconferencia incluía a la directora de la FAA Jane Garvey, al secretario de Defensa Donald Rumsfeld y al general Richards Myers, jefe interino de las Fuerzas Armadas (211).
  82. Afirmación de la Comisión según la cual esta no sabía qué miembros del Departamento de Defensa participaron en la videoconferencia con Richard Clarke cuando el propio Clarke afirma en su libro que se trataba de Donald Rumsfeld y del general Myers (211-212).
  83. Aprobación de la afirmación del general Myers de que él se encontraba en el Capitolio durante los ataques sin mencionar el informe contradictorio de Richard Clarke, según el cual Myers estaba en el Pentágono y participó en la videoconferencia con Clarke (213-17).
  84. Fracaso al mencionar la contradicción entre el testimonio de Clarke sobre los movimientos de Rumsfeld de aquella mañana y las declaraciones del propio Rumsfeld (217-19).
  85. Omisión del testimonio del secretario de Transporte Norman Mineta ante la propia Comisión, testimonio según el cual el vicepresidente Cheney y las demás [personas presentes] en el refugio subterráneo habían sido advertidas a las 9h26 de que un avión se acercaba al Pentágono (220).
  86. Afirmación según la cual los responsables del Pentágono no sabían que un avión se estuviera acercando a ellos antes de las 9h32, las 9h34 o las 9h36, o sea sólo minutos antes que el edificio fuera impactado (223).
  87. Aceptación de dos versiones que se contradicen entre sí sobre el aparato que impactó el Pentágono: una que describe la ejecución de una espiral de 330 grados hacia abajo (un «picado a gran velocidad») y otra en la que no se menciona esa maniobra (222-23).
  88. Afirmación según la cual los cazas provenientes de Langley, que supuestamente recibieron la orden de despegar rápidamente para proteger Washington del «vuelo fantasma AA11» no estaban en lo absoluto cerca de Washington porque fueron enviados hacia el océano por error (223-24).
  89. Omisión de todas las pruebas que sugieren que lo que impactó el Pentágono no fue el vuelo AA77 (224-25).
  90. Afirmación según la cual la FAA no informó a los militares sobre el desvío del vuelo UA93 antes de que este se estrellara (227-29, 232, 253).
  91. Doble afirmación de que el NMCC no monitoreó la conferencia iniciada por la FAA y no pudo por consiguiente conectar a la FAA con la teleconferencia iniciada por el NMCC (230-31).
  92. Omisión del hecho que el Servicio Secreto dispone de medios que le permiten tener conocimiento de todo lo que hace la FAA (233).
  93. Omisión de toda investigación sobre las razones que llevaron al NMCC a comenzar su propia teleconferencia si, como dijo Laura Brown –de la FAA–, eso no forma parte del protocolo standard (234).
  94. Omisión de toda investigación sobre por qué el general Montague Winfield no solamente fue reemplazado por un «bisoño» (a rookie), el capitán Leidig, como director de operaciones del NMCC sino que abandonó además el mando cuando estaba claro que el Pentágono se encontraba ante una crisis sin precedente (235-36).
  95. Afirmación según la cual la FAA notificó (de forma errónea) al Servicio Secreto, entre las 10h10 y las 10h15, que el vuelo UA93 se encontraba todavía en vuelo y se dirigía hacia Washington (237).
  96. Afirmación según la cual el vicepresidente Cheney no dio la autorización para disparar hasta las 10h10 (varios minutos después de la caída del vuelo UA93) y que esa autorización no fue transmitida a la fuerza aérea hasta las 10h31 (237-41).
  97. Omisión de todas las pruebas que indican que el vuelo UA93 fue derribado por un avión militar (238-39, 252-53).
  98. Afirmación según la cual [el zar del contraterrorismo] Richard Clarke no recibió el pedido de autorización de fuego hasta las 10h25 (240).
  99. Omisión del testimonio del propio Clarke, que sugiere que este recibió el pedido de autorización de fuego hacia las 9h50 (240).
  100. Afirmación según la cual Cheney no bajó al refugio subterráneo del PEOC [o CPOU (siglas correspondientes a Centro Presidencial de Operaciones de Urgencia]) hasta las 9h58 (241-44).
  101. Omisión de los múltiples testimonios, entre ellos los de Norman Mineta [secretario de Transporte] ante la propia Comisión, testimonios según los cuales el [vicepresidente] Cheney se encontraba en el CPOU antes de las 9h20 (241-44).
  102. Afirmación según la cual la autorización para derribar un avión civil tenía que ser otorgada por el presidente (245).
  103. Omisión de informes según los cuales el coronel Marr ordenó derribar el vuelo UA93 y el general Winfield indicó que él mismo y otros [oficiales] esperaban en el NMCC que un caza alcanzara el vuelo UA93 (252).
  104. Omisión de informes que indican que había dos aviones de caza en el aire a varios kilómetros de New York y tres a sólo 320 kilómetros de Washington (251).
  105. Omisión del hecho que había por lo menos 6 bases militares con cazas en estado de alerta en la región noreste de Estados Unidos (257-58).
  106. Aprobación de la afirmación del general Myers de que el NORAD había definido su misión solamente en términos de defensa contra amenazas dirigidas [hacia Estados Unidos] desde el extranjero (258-62).
  107. Aprobación de la afirmación del general Myers de que el NORAD no había previsto la posibilidad de que un grupo de terroristas pudiera utilizar aviones de pasajeros secuestrados como misiles (262-63).
  108. Fracaso en poner en perspectiva la significación del hecho, presentado en el propio Informe, o en mencionar otros hechos que prueban que el NORAD sí había efectivamente previsto la amenaza que podía representar la posible utilización de aviones de pasajeros secuestrados como misiles (264-67).
  109. Fracaso en explorar la implicaciones de la cuestión de saber cómo pudieron influir la maniobras militares («war games») programadas para aquel día en el fracaso de los militares en los intentos por interceptar los aviones de pasajeros secuestrados (268-69).
  110. Fracaso en discutir la posibilidad que el desarrollo de la Operación Northwoods haya favorecido los ataques del 11 de septiembre (269-71).
  111. Afirmación (presentada para explicar por qué los militares no recibieron la información sobre los aviones secuestrados con tiempo suficiente para lograr interceptarlos) según la cual el personal de la FAA falló inexplicablemente unas 16 veces en la aplicación de los procedimientos normales (155-56, 157, 179, 180, 181, 190, 191, 193, 194, 200, 202-03, 227, 237, 272-75).
  112. Fracaso en mencionar que la proclamada independencia de la Comisión se vio fatalmente comprometida por el hecho que su director ejecutivo, Philip Zelikow, era prácticamente miembro de la administración Bush (7-9, 11-12, 282-84). (ndt: era colaborador cercano de Condoleeza Rice)
  113. Fracaso en mencionar que la Casa Blanca trató primeramente de impedir la creación de la Comisión [Oficial de Investigación sobre los Ataques Terroristas del 11 de Septiembre] y que obstaculizó después el trabajo de esta, como lo hizo al asignarle un presupuesto extremadamente restringido (283-85). (ndt: Presupuesto estimado en 15 millones de dólares cuando el film de ficción «Vuelo 93» de Paul Greengrass costó 18 millones y «World Trade Centre» de Oliver Stone costó CUATRO VECES MÁS, o sea 60 millones de dólares. En lo tocante al primer punto, la creación de la Comisión no se produjo hasta después de 441 días de los ataques y el presidente Bush propuso que fuera presidida por Henry Kissinger… para luego retractarse ante las violentas críticas de la opinión pública contra esa proposición.)
  114. Fracaso en mencionar que el presidente de la Comisión, la mayoría de los demás miembros de la Comisión, y por lo menos la mitad del personal de la misma tenía serios conflictos de intereses (285-90, 292-95).
  115. Fracaso de la Comisión, la cual se vanagloriaba de que la presentación de su informe final había tenido lugar «sin disensión», en mencionar que esto fue posible únicamente porque Max Cleland, el miembro de la Comisión más crítico en cuanto a la actuación de la Casa Blanca –juró incluso «que no sería cómplice de un tratamiento parcializado de las informaciones»–, tuvo que renunciar a su puesto dentro de la Comisión para poder aceptar un cargo en el Banco Export-Import y que la Casa Blanca dio a conocer su nominación para ese cargo únicamente después que las críticas emitidas por Cleland se hicieron especialmente directas (290-291).

 

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Existe mucha más información bien documentada para afirmar que el “9/11” fue un “trabajo interno”, un atentado de falsa bandera, digamos que bien ejecutado y sobresalientemente utilizado para la manipulación de la opinión pública global.

Una “historia” que parece sacada del “Ministerio de la Verdad” del libro “1984” del visionario George Orwell. Una distopía que a esta altura ya no es ficción.

 

Terror en París, Charlie Hebdo y otra vez una puesta en escena

El 7 de enero de este flamante 2015 dos o tres personas (no se ha precisado aún…) atacaron con fusiles de asalto y lanza granadas antitanque la redacción del semanario humorístico (si a usted le causa gracia los agravios gratuitos) de “Charlie Hebdo” en París, Francia.

 

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Ocurrió a plena luz del día y se cobró 12 víctimas fatales y 11 heridos.

El mismo grupo terrorista del “ataque” a las torres gemelas Al Qaeda (“Al-Cía-eda” dicen otros…) también se adjudicó este ataque. Una vez perpetrado el acto criminal, al salir a la calle, los terroristas gritaron en un perfecto francés: “Hemos vengado al profeta!”, tal vez en su euforia demencial, olvidaron el idioma del profeta, el árabe…

A pesar de estar en apariencia muy bien entrenados (se desplazaban como un equipo del S.W.A.T.) olvidaron un “pequeño detalle” en el vehículo que conducían: el documento de identidad de uno de ellos!

 

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¡Para qué preocuparse por las huellas dactilares!, verdad?

Extraño también resulta que su víctima más recordada debido a una oportuna y valiente filmación con un teléfono celular, fuera un policía musulmán: Ahmed Merabet quien es ejecutado por Said Kouachi o Cherif Kouachi o por un tercero o por quién sabe, puesto que usaban máscaras de esquí o pasamontañas, pero “cumpliendo con la ley” también ¿llevaban el documento?

 

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En el video que registra a los terroristas vemos entre otros “detalles” cómo una bala calibre 7.62 x 39 mm (apta para la caza mayor) a 715 metros por segundo, no hizo lo que siempre hace cuando impacta un cráneo: generar una gran herida sangrante con fragmentación ósea y pérdida total o parcial de la masa encefálica.

 

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Hablando de muertes misteriosas, ¿recuerdan las imágenes del asesinato de John F. Kennedy?

 

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Pues las imágenes de “la ejecución” del policía de calle francés no acusan semejanza alguna con las heridas provocadas en un cráneo, ni una sola gota de sangre…

Tampoco es congruente el ángulo del cañón del fusil utilizado, con el supuesto punto de impacto de esta potente munición.

Sumado a esto es realmente difícil acertar a un “blanco” pequeño como lo es una cabeza humana cuando no se detiene la marcha, tal como se aprecia en el censurado video que circuló en la tv francesa.

El que tanto los perpetradores como el policía “abatido” tuvieran origen (apellido) árabe genera una inevitable asociación de la violencia y el terror con el mundo musulmán; “reiteración para fijar un concepto” una desgracia de manual…

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A pocas horas de los trágicos acontecimientos Elric Fredou, subdirector de la Policía Judicial de Investigaciones descubre “algo” y desea “hacer una llamada muy urgente” según revela el periodista Hicham Hamza; pero no pudo porque fue encontrado muerto con un disparo en la cabeza. En un peritaje que podría considerarse “express” se determina que fue suicidio, los teléfonos y computadoras del difunto policía fueron incautados y el caso cerrado. Si bien la legislación francesa contempla que en los casos de suicidio los resultados finales de la necropsia deben ser entregados a la familia, esta vez “la justicia” hizo una excepción y dichos resultados le fueron negados a la familia y a sus letrados –un investigador clave tiene “algo” que declarar y es encontrado “suicidado” en medio de extrañas circunstancias… me recuerda al fiscal argentino de origen israelí Alberto Nisman, pero ése es otro tema-.

En cuanto al “suicidio” del investigador francés Elric Fredou, ni su familia, ni su médico familiar lo encuadran en el perfil de un suicida y, claro está, desacreditan la historia oficial. Por supuesto “los perpetradores” fueron abatidos por la policía y un tercer sospechoso (que podría probar que estaba en clases en el momento del ataque) se entregó a las autoridades.

 

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¿Quién habrá conducido entonces el Citroen C3 negro con retrovisores blancos al momento del atentado?

Es interesante que el automóvil C3 negro secuestrado por las autoridades como por “arte de mafia” de pronto tenía los retrovisores negros, como habría de esperarse. ¿Sería éste un distintivo para “no ser molestados” por las autoridades mientras se desplazaban?

Convengamos que por lo menos tres personas, dos enmascaradas, vestidos con ropa táctica y portando fusiles AK-47 y lanzagranadas antitanque, dentro de un automóvil compacto recorriendo las congestionadas calles de “la ciudad luz” sin que nadie, absolutamente nadie se percatara de ello sino, hasta que comienzan a disparar es inverosímil. ¡Vamos señores, parece el argumento de una película del Inspector Clouseau!

 

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París tiene una altísima densidad poblacional: 21.347 habitantes/km2 (por ejemplo, Buenos Aires tiene: 14.307 habitantes/km2).

Francia es un país desarrollado, bien organizado, potencia militar nuclear ¡¿y le acontece esto?! Un bochorno que genera suspicacias.

 

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Tal es el caso con Paul Craig Roberts ex subsecretario del Tesoro norteamericano y prestigioso politólogo, quien se expresó de la siguiente manera al respecto en su sitio web: “Los sospechosos pueden ser tanto culpables como chivos expiatorios. Basta recordar todos los complots terroristas creados por el FBI que sirvieron para hacer la amenaza terrorista real para los estadounidenses.” Y agregó: “La policía encontró el carnet de identidad de Said Kouachi en la escena del tiroteo. ¿Les suena familiar? Recuerden que las autoridades afirmaron haber encontrado el pasaporte intacto de uno de los presuntos secuestradores del 11-S entre las ruinas de las torres gemelas. Una vez que las autoridades descubren que los pueblos occidentales estúpidos van a creer cualquier mentira transparente, van a recurrir a la mentira una y otra vez.”, concluyó.

En estos últimos tiempos, la verdad se torna más extraña que la ficción más salvaje. Los despiadados intereses económicos, las ambiciones hegemónicas de potencias militares, las mezquindades de la fatua clase política, la ignorancia de los pueblos, la candidez de los votantes, la prostitución de los intelectualoides y medios informativos al mejor postor, conforman una sociedad caníbal que nos empuja al límite de la extinción.

 

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“La guerra es un latrocinio” (“War is a racquet”). Este es el título de un libro escrito por el general norteamericano Smedley Butler después de retirarse del cuerpo de marines.

Fue el militar más condecorado de la historia de los Estados Unidos y nos legó en esta obra una autocrítica de una honestidad admirable y brutal, dijo: “La guerra es un negocio sucio. Siempre lo ha sido. Es posiblemente el más viejo, sin lugar a dudas el más provechoso, seguramente el más depravado. Es el único de alcance internacional. Es el único en el cual los beneficios se cuentan en dólares y las pérdidas en vidas”.

Este ya fallecido general norteamericano describe al mundo no como un soldado, definitivamente tampoco como un político en campaña lo haría, sino como realmente es y agregó: “La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera.”

Yo, por último, sólo puedo hacer una humilde acotación al decir que las masas, los pueblos y la gente también siguen a la bandera, aunque ésta sea una “falsa bandera”.

 

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