Previo al ejercicio profesional, los médicos deben realizar una serie de trámites que se inician con la obtención del título y culminan con la matriculación.

Una vez finalizados los estudios, deben gestionar, en la facultad respectiva, la extensión y entrega del Diploma, el que se entrega en una ceremonia pública, en la que asume un compromiso frente a la sociedad genéricamente conocido como “juramento hipocrático”. En la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, para el juramento de sus egresados, se adoptó, desde el 24 de marzo de 1958, la denominada “Fórmula de Ginebra”.

La “Fórmula de Ginebra” dice así: “El acto de Juramento que vais a realizar y mediante el cual se os admite como miembro de la profesión médica, constituye una invocación a Dios o a aquello que cada cual considere como más alto y sagrado en su fuero moral, como testimonio del compromiso que contraéis para siempre jamás.

En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, os comprometéis solemnemente a consagrar vuestra vida al servicio de la humanidad y juráis:

  • Conservar hacia vuestros maestros el respeto y reconocimiento a que son acreedores.
  • Desempeñar vuestro arte con conciencia y dignidad.
  • Hacer de la salud y de la vida de vuestro enfermo la primera de vuestras preocupaciones.
  • Respetar el secreto de quien se os haya confiado a vuestro cuidado.
  • Mantener en la máxima medida de vuestro medio de honor y las nobles condiciones de la profesión médica.
  • Considerar a los colegas como hermanos.
  • No permitir jamás que, entre el deber y el enfermo se interpongan consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, de partido o de clase.
  • Tener absoluto respeto por la vida humana desde el instante de su concepción.
  • No utilizar ni aún bajo amenazas los conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad.”

salud-hospitales“SI JURO”.

“Si cumplieres íntegramente este Juramento, que podáis gozar de vuestra vida y de vuestro arte y disfrutar de perenne estima entre los hombres. Si lo quebrantáis, que vuestra conciencia y el honor de la profesión médica en la que acabáis de ingresar, os lo demande.”

Cada vez que alguien se recibe de médico, debe realizar este juramento, el que le dará honra, dignidad y respeto.

Sin embargo, cada día vemos cómo este juramento es violado y pisoteado por “autoridades de la salud” que despojan a los pacientes de sus derechos, quitándoles, inclusive, la oportunidad de continuar viviendo.

Cotidianamente obras sociales y prepagas, se lavan las manos, retaceando atención médica a sus afiliados, poniendo en peligro la vida de estas personas, sin que se les mueva un músculo de su cara de piedra.

Los dueños de empresas de salud, o los que manejan prepagas u obras sociales, en general, en la actualidad, no son médicos. Son empresarios que ponen un médico como testaferro (pariente, amigo, o no) como empleado para que en realidad, haga de filtro, no cumpliendo ambos con sus obligaciones. La empresa de salud, porque prioriza el dinero a la vida, y el médico, que ha olvidado el juramento hipocrático por unos cuantos billetes, para “auditar”, no autorizando las internaciones, estudios médicos y hasta medicamentos. Este tipo de “médicos” no son más que vulgares gerentes que traicionan lo que han jurado cumplir, por muchas más que 30 monedas de plata. Son traidores a la profesión médica, a los médicos dedicados, y a los pacientes, que esperan que salven sus vidas y no sean quienes aprietan el gatillo.

Hay pacientes que requieren de determinado centro médico para su atención, por tener patologías especiales que no pueden ser atendidas en cualquier lugar, ya sea por carecer del servicio, por ser incompleto, por no contar con un equipo multidisciplinario (como en el caso de los pacientes transplantados), etc. Sin embargo las obras sociales hacen sus convenios de atención con centros “baratongos” o con los que hacen negociados, y no con los que brindan el servicio de salud adecuado para el paciente.

Siempre terminamos en el mismo tema: la falta de valores. Que llevan a la falta de solidaridad, de ética y de humanidad. Sería excelente que estas personas, que prefieren sus monedas de plata a la vida de los pacientes, pensaran que quizás, sólo quizás, un día estén del otro lado del “mostrador”.