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Editorial


La cultura de la violencia

“Tiempos violentos”. Al leer esta frase usted quizás recuerde el título de una película que fue nominada al Oscar, o el nombre de un escuchado programa de radio que inundó las noches de Buenos Aires. “Tiempos violentos”, son nuestros tiempos. Podemos decir —sin el más mínimo temor a equivocarnos— que …Continuación

“Tiempos violentos”. Al leer esta frase usted quizás recuerde el título de una película que fue nominada al Oscar, o el nombre de un escuchado programa de radio que inundó las noches de Buenos Aires. “Tiempos violentos”, son nuestros tiempos.

Podemos decir —sin el más mínimo temor a equivocarnos— que en el mundo que ha visto edificarse nuestro siglo XXI, y especialmente las últimas décadas del siglo XX, impera una cultura de violencia. La violencia como feroz rasgo animal de una sociedad que se autoproclama civilizada, se despliega con omnipresencia en nuestra vida cotidiana.

violencia en las calles

Tomemos como ejemplo a dos países a quienes el mundo entero y en especial los países subdesarrollados toman como baluarte del desarrollo y el progreso. En Inglaterra, según informa el periódico Manchester Guardian Weekley, la violencia familiar es responsable de que “por lo menos 750.000 niños sufrirán trauma duradero por su exposición a la violencia doméstica”, puesto que “tres de cada cuatro mujeres manifestaron que sus hijos habían presenciado actos violentos, y aproximadamente dos tercios de los niños habían visto golpear a sus madres”.

Sin embargo los niños no son sólo espectadores de estos “tiempos violentos”, según la Junta Consultiva sobre el Abuso y Abandono de Menores de EE.UU. —quizás el más importante de los baluartes a que hacíamos referencia— “2.000 niños, en su mayoría menores de 4 años, mueren anualmente a manos de sus progenitores o tutores”.

 

violencia en las aulas

 

¿Violencia laboral?, también existe. Tomando nuevamente como referencia a los Estados Unidos, según las estadísticas del Departamento de Justicia, una de cada cuatro personas es víctima de algún tipo de violencia en su lugar de empleo.

violencia laboral

¿Violencia en las aulas? ¡Claro que sí! Este es el problema número uno de la educación estatal americana dado que el 30% de los estudiantes y el 20% de los maestros fueron víctimas de un hecho violento en sus escuela; y el 18% de los estudiantes admitió asistir a clase en algún período del ciclo escolar con armas de fuego para protegerse, aunque hubo excepciones (las de aquellos estudiantes que alegaron motivos menos nobles).

manifestaciones violentas

Una vez que concluye la estresante jornada laboral, cuando finaliza el día de clases y salimos de casa distendernos, ¿seguiremos conviviendo con la violencia, o también estará el entretenimiento impregnado de ella? Lo está, y sobresalientemente. ¿Recuerda cuál fue la última película que vio en la que no mataron a nadie? Es más, ¿no sintió nunca simpatía por el héroe que mataba a los malos; o pena por la víctima al punto de querer matar al victimario?

violencia doméstica

Cuando hablamos de videojuegos también notamos la enorme proliferación de juegos violentos, sí, esos para los que algunos hacen cola para usar. Desde algunos más sutiles donde usted puede sumar puntos matando a “los malos”, hasta otros cuyos nombres, por ejemplo “Instinto asesino” o “Killer Instinct” dan a conocer el efecto que causan en las mentes más impresionables como son las de los adolescentes que frecuentemente se vuelven adictos a dichos “jueguitos inofensivos”. Hasta la música presenta cada vez más en sus diferentes estilos, tal el caso del “hard rock” y el “rap”, letras que incitan deliberadamente a la violencia y la desconsideración por el bienestar ajeno.

¿Podemos negar que en el mundo entero impera una cultura de violencia? Quizás usted, señor lector, diga: “Sí, es cierto, pero ¿cómo puedo yo cambiar al mundo?”. Dejando de consumir lo que “el mundo” le vende aún al alto costo de su vida.

 

La verdad es que nadie nos obliga a asistir a la “escuela de violencia” en que se ha convertido nuestra sociedad “civilizada”, donde nadie se hace responsable de los estragos resultantes del envenenamiento psicoemocional de millones de personas, puesto que son víctimas voluntarias de un sistema de vida degradante y violento.

En lo que respecta a nosotros, podemos evitar que este sistema de vida se lleve a la muerte nuestros valores, a aquellas pautas morales que nos hacen valiosos como individuos. Defendamos nuestro derecho a elegir no ser parte de este “juego de la violencia”, donde hoy puede ostentarse una victoria y mañana lamentarse una derrota, cuando nos toca ser las víctimas.

Piense que tal vez, “los valientes” den un paso adelante, que “los cobardes” den un paso atrás, pero los inteligentes pueden dar un paso al costado. Todos podemos elegir. •

Magdalena Cabrera   |  

Los elefantes blancos y la pobreza

La palabra economía produce, cada vez más, escalofríos, temor e inseguridad a las personas, puede decirse que en estos momentos es una palabra caótica. La vida ha aumentado enormemente, los salarios siempre están muy por debajo de la canasta familiar, hay mucha gente subempleada y muchísima desempleada, la …Continuación

La palabra economía produce, cada vez más, escalofríos, temor e inseguridad a las personas, puede decirse que en estos momentos es una palabra caótica. La vida ha aumentado enormemente, los salarios siempre están muy por debajo de la canasta familiar, hay mucha gente subempleada y muchísima desempleada, la pobreza ha avanzado a pasos agigantados… y hay muchísimos seres humanos ubicados por debajo de la línea de pobreza.

Economía es una palabra que deriva del término griego “oikonomos” que significa “mayordomo o administrador de una casa”. Gran parte de la población de los países “en vías de desarrollo” están pobres tanto por lo que pasa en cada uno de esos países en forma interna, como por lo que pasa nivel externo. La siguiente ilustración nos ayudará a entender mejor la situación: imaginemos que la Tierra es un vecindario y las naciones los vecinos. Algunas de las familias pobres tienen tantas deudas que se ven obligadas a pedir más dinero prestado a las familias ricas, solamente para poder pagar los altísimos intereses de los préstamos que ya han recibido. Mientras tanto, el padre de la familia más indigente del vecindario acaba de permitirse el lujo de celebrar un espléndido banquete para sí mismo y para sus amistades, a pesar de que la mayoría de sus hijos se están muriendo de hambre.

Las familias ricas comen muy bien y terminan tirando un montón de comida a la basura, es más, gastan en sus hobbies más de lo que las familias pobres pueden gastar en alimentar a sus propios hijos.

De vez en cuando celebran reuniones de vecinos para hablar sobre los problemas de la zona, pero la cosa no pasa de ahí, las soluciones no llegan. Como consecuencia de esto aumenta la tensión entre las familias ricas y las pobres. Es obvio que hay algo, en la manera de administrar el vecindario, que no funciona.

Un financista internacional explicó que “El mundo es uno. Nuestra economía es global (…). No tiene sentido pensar que en una economía global pueda haber una solución unilateral”.

Por ejemplo: una recesión en los países occidentales se transmite casi inmediatamente a los países más pobres, porque éstos se encuentran con que ya no hay más demanda de sus productos. De igual manera, el que suban los tipos de interés en Estados Unidos, significa que América Latina y las naciones africanas tendrán más problemas para pagar los intereses que se les agregan a sus deudas. En términos generales se puede decir que cuanto máspobre sea un país, menos influencia ejerce en el clima económico general y se vuelve más vulnerable a los vientos económicos desfavorables.

Otro factor que inside es el egoísmo nacionalista. Todos los países tienden a ir en busca de sus propios intereses supremos sin importar cómo pudiera afectar esto a otros. Pongamos un ejemplo: la ayuda económica tal vez tome la forma de un sofisticado equipo militar enviado a un país que ni siquiera puede alimentar a sus ciudadanos. Es evidente que los motivos del país “benefactor” no son humanitarios sino económicos o políticos.

Las barreras arancelarias que elevan los países industrializados ricos para proteger a sus propios productores, obstaculiza la venta de productos básicos de los países pobres. Similar a éste es el caso de los “elefantes blancos”. A propósito de esto, se cuenta que un rey de Siam solía regalar elefantes blancos a los cortesanos por los que sentía antipatía. Como a ese animal se lo consideraba sagrado, no se le podía poner a trabajar, de manera que su manutención acabaría ocasionando la ruina económica del desafortunado que recibía ese regalo.

En años no muy lejanos las naciones occidentales han desempeñado, sin darse cuenta quizás, el papel del rey de Siam. Mediante su programa de ayuda, han financiado a algunas naciones impresionantes proyectos tecnológicos que éstas no han podido llevar adelante.

Estos “elefantes blancos” —costosos y poco prácticos— salpican el paisaje económico de los países más pobres: aeropuertos lujosos de los que raras veces despegan aviones, una moderna panificadora que no puede fabricar pan por falta de harina, una gigantesca fábrica de cemento que constantemente se avería por falta de mantenimiento, armamento militar para hacer guerras ajenas traicionando así la confianza de los pueblos que creen en la solidaridad y la hermandad, etc. Otras veces el dinero recibido ni siquiera es utilizado para los propósitos de “mejoras” y “progreso”, ya que nunca llega a destino y es sustraído por funcionarios corruptos que lo utilizan en su propio beneficio y en el de sus allegados. En pocas palabras, el mundo es manejado por la inmadurez racional, por despiadados intereses personales y por la ambición. Mientras eso ocurra continuarán llegando a todos los puntos del planeta los famosos “elefantes blancos”.

 

elefante blanco

Magdalena Cabrera   |  

Desempleo: decadencia de una sociedad

En la Edad Media este flagelo sencillamente no existía. No fue sino hasta ocho siglos después —para fines del siglo XIX y principios del siglo XX—, concretamente 1895, cuando se fundó “La Comisión Selecta de la Cámara Británica para tratar la consternación del desempleo”. El desempleo hoy se …Continuación

En la Edad Media este flagelo sencillamente no existía. No fue sino hasta ocho siglos después —para fines del siglo XIX y principios del siglo XX—, concretamente 1895, cuando se fundó “La Comisión Selecta de la Cámara Británica para tratar la consternación del desempleo”.

El desempleo hoy se cierne sobre las vidas de millones como una epidemia que les ha quitado —o amenaza quitarles, sólo es cuestión de tiempo— la seguridad física y emocional, y destrozar su dignidad como personas, que merecen, por su esfuerzo, una vida carente de carencias.

El fenómeno del desempleo es más que una tragedia local —¡y vaya si los argentinos sabemos de eso!—, pues hay casi 820 millones de desempleados en el mundo que, multiplicado por cuatro, tomando en cuenta una familia tipo (matrimonio con dos hijos), obtendremos la escalofriante cifra de 3.280 millones de personas, más de la mitad de la población mundial.

foto desempleo 13.280 millones de personas que no saben cómo sobrevivirán en un mundo gélido de gélidos sentimientos sostenido por el consumismo. ¿Y qué hay de los subocupados?, es decir, de aquellas personas que tal vez sólo trabajen unas pocas horas a la semana. Por supuesto, no entran en los índices de los que no tienen empleo alguno, pero sí aumentarán los millonarios índices de los que buscan empleos permanentes de jornadas completas y no lo encuentran. En pocas palabras, hay mucho más demanda laboral de la que figura en las benévolas estadísticas nacionales (especialmente de las estadísticas que se están buscando con el nuevo foto desempleo 2censo, donde alguien que, si trabajó algunas horas el mes pasado, ya no es un desempleado).

Dijimos que vivimos en una sociedad de consumo, y las empresas cumplen el rol de producir y vender. Sin embargo, ante el aumento de desempleados —reales— hay, por ende, una baja de consumidores. Y las empresas que no se “adaptan” rápidamente a esta realidad, terminan dando quiebra. ¿Y qué producen en realidad? Más desempleados.

En países como Italia, por citar un ejemplo, que para fines de 1994 contaba con 2.760.000 de desempleados, está aumentando la edad media de los que tienen empleo y se esfuerzan por conservarlo, lo que dificulta el ingreso de los jóvenes en el mercado laboral: “al que tiene empleo se le pide que trabaje más horas y al que está fuera se le deja fuera”, expresa la revista italiana “Panorama”.

¿Y cuál es el panorama? La sociedad “progresista” en la que vivimos se está dividiendo en dos grupos sociales: por un lado los que trabajan cada vez más horas por el mismo salario (cuando no por menos), los “superocupados”; y por otro lado los desocupados, quienes, marginados y denigrados terminan sobreviviendo de la buena voluntad del primer grupo. ¿Por cuánto tiempo más sucederá esto?

Otra consecuencia del desempleo es el trastorno psicológico y emocional que causa en la estructura familiar: la frustración ante el ser desechado como “algo inútil”, la consecuente pérdida de la autoestima o la “ansiedad anticipada” ante el “fantasma” del desempleo amenazando constantemente.

foto desempleo 3Esta suma de causas trae efectos que pudieran resultar más trágicos que el desempleo en sí, como el alterar las relaciones familiares al grado de la violencia doméstica, hasta el suicidio del desempleado al sentir que para la “sociedad”, y como soporte económico de su familia ante esta misma, su vida útil ha terminado.

Porque en este momento quien pierde el empleo, es posible que nunca lo recupere.

En la Carta de las Naciones Unidas se expresa como objetivo la consecución rápida de empleo para todos. Cabe recordar que esta Carta se escribió en 1945, y aunque 70 años de espera ameritan una respuesta, las soluciones parecen alejarse cada vez más.

A lo largo de la historia la ambición desmedida del hombre lo fue llevando a construir una sociedad indolente donde siempre fueron unos pocos los que vivieron a “cuerpo de rey” a costa de unos muchos, que con su desgracia sostuvieron a los ricos mientras vivían en la miseria. Y este monstruo amenaza devorar al mundo entero.

Magdalena Cabrera   |  

Erase una vez la moral

¿Será ético o no será ético? ¿Estará bien o estará mal? ¿Estará tan mal? Cuestionamientos como éstos son los que en un tiempo todas las personas se hacían, en busca de hallar una respuesta ética y armoniosa con los valores morales tradicionales tales como el amor, la justicia …Continuación

¿Será ético o no será ético? ¿Estará bien o estará mal? ¿Estará tan mal?

Cuestionamientos como éstos son los que en un tiempo todas las personas se hacían, en busca de hallar una respuesta ética y armoniosa con los valores morales tradicionales tales como el amor, la justicia y la verdad.

De quien se apegaba a la moral y las buenas costumbres se decía que era “una persona ética”. ¿Por qué hablamos en pasado? Para responder esta pregunta veamos cómo define un diccionario la palabra ética: “Como la correspondiente palabra latina moral, significa propiamente ciencia de las costumbres (del griego ethos, latín mos, costumbre o forma de vida)”. Hablamos en pasado porque la ética, es decir, las costumbres, la forma de vida en el mundo, han cambiado.

… “La sociedad por completo: sistemas gubernamentales, fronteras nacionales, leyes, fuerzas armadas, relaciones entre los estados, también las ideologías, la vida de familia, las fortunas, los puestos, las relaciones personales… todo sufrió transformación de arriba abajo (…). Finalmente la humanidad perdió el equilibrio, y nunca, hasta la fecha, lo ha recobrado”. Estas fueron las palabras del general Charles De Gaulle, hablando, en 1968, de acuerdo a lo publicado en el periódico francés “Le Monde” del 12 de noviembre de 1968, página 9.

 

¿Qué hecho marcó tan abrupto y perenne cambio?

En el contexto del discurso de De Gaulle se hace referencia a la Primera Guerra Mundial que tuvo lugar en 1914 en los albores del siglo XX. Es honesto decir que entre el siglo XIX y el XX existe una gigantesca brecha moral que día a día continúa acentuándose más y más, hasta llegar al presente siglo XXI.

Citemos algunos ejemplos: en 1845 el revólver era un invento reciente, sólo cien años después (en algunos casos el lapso de una vida humana), en 1945 ¡se arrojaban bombas nucleares sobre Japón!

En 1869 la carreta era el medio de transporte por excelencia, en 1969 (sólo cien años después) ¡el hombre caminaba por la Luna!, (y posteriormente ponía armas atómicas en órbita apuntando hacia la Tierra).

¿Notamos cuán grande es la brecha? “Sí –dirán algunos– ¡hemos progresado muchísimo!”. Pero, ¿podemos hablar de un progreso moral cuando el hombre ha cambiado el revólver por la bomba de hidrógeno y puede pasearse por la Luna pero hasta el día de hoy (menos de cien años atrás) no ha demostrado que puede vivir en paz en la Tierra?

Todo proceso y consecuencia social tiene un origen en la moral del individuo. Por lo tanto, para descubrir cuál es la causa de tan amargo efecto social vigente, debemos ir al individuo, al ser humano, lo cual implica que demos una mirada a nuestra propia persona en el temido espejo de los hechos, de lo que hemos hecho.

Cuando la ambición, el egoísmo, la irrefrenable búsqueda de placeres y, por supuesto, el desinterés por el bien ajeno reemplazaron los valores, a la “ciencia de las costumbres morales” (la ética) comenzamos a quejarnos del mundo en que vivimos, que en realidad es el mundo que hemos construido.

 

¿Será todo relativo?

Algunos insisten en el “Relativismo”, corriente filosófica que está en boga en el mundo. “Todo es relativo, lo que es malo para usted, puede ser bueno para otra persona”, es decir, que no existe una verdad absoluta.

Ya nada es bueno, o malo, correcto o incorrecto; a lo sumo puede ser “tonto” o “desagradable”, pero no se condenará como algo “inmoral”, puesto que los adeptos al “Relativismo” tienen su “brújula moral” apuntando en todas direcciones; todo es, en el fondo, aceptable, y es ahí donde surge el movimiento “nueva moralidad”, es decir, “inmoralidad”.

Pero entonces, ¿de qué nos quejamos si todo está bastante bien al punto de que nada está bastante mal?

Mirémonos honestamente en el espejo de los hechos, de la realidad, y descubramos si el amor, la verdad y la justicia han caducado en nuestras vidas.

brújula

Magdalena Cabrera   |  

Un derecho fundamental en la vida de cualquier sociedad democrática

Es demasiado larga la lista de los atentados e intentos de represión directa e indirecta a los medios de prensa y a los comunicadores sociales, claro que esto no es nuevo. En el transcurso de la historia se han promulgado leyes, se han peleado batallas, se han sufrido …Continuación

Es demasiado larga la lista de los atentados e intentos de represión directa e indirecta a los medios de prensa y a los comunicadores sociales, claro que esto no es nuevo.

En el transcurso de la historia se han promulgado leyes, se han peleado batallas, se han sufrido persecuciones y se han perdido incontables vidas en la guerra que aún continúa por uno de los derechos fundamentales del ser humano: el de manifestar en forma pública sus ideas.

El filósofo griego Sócrates fue condenado a muerte porque sus doctrinas y juicios eran considerados una influencia corruptora para sus seguidores,  en opinión de los líderes políticos y religiosos de su época. Su defensa ante el tribunal que lo condenó sigue siendo aún hoy uno de los más elocuentes discursos a favor de la libertad de expresión de todos los tiempos: “Si, con relación a esto, me dijerais: […] te absolvemos, pero con esta condición: con la condición de que dejéis esos diálogos examinatorios y ese filosofar; pero si eres sorprendido practicando eso todavía, morirás. […], yo os respondería […] mientras tenga aliento y pueda, no cesaré de filosofar, de exhortaros y de hacer demostraciones a todo aquel de vosotros con quien tope […]. Atenienses, tened presente que yo no puedo obrar de otro modo ni aunque se me impongan mil penas de muerte; […]. Absolvedme o no me absolváis”.

Durante la época del apogeo del imperio romano tuvo lugar uno de los períodos más siniestros para la libertad de expresión, a tal punto que durante el gobierno de Tiberio no se toleraba a aquellas personas que criticaban al gobierno o sus actuaciones (cualquier parecido con la actualidad no es pura coincidencia).

Gran parte de la historia de la humanidad demuestra que ha sido muy común el hecho de que los gobiernos cambiaran o cancelaran los derechos civiles que otrora hubieran otorgado, a placer y conveniencia. Quizás por esta razón, a principios de la Edad Media, algunas personas exigieron documentos que definieran sus derechos y limitaran el control de las autoridades sobre los mismos; de esta manera comenzó la redacción de declaraciones de derechos entre las que destacan la Carta Magna que marcó un hito en lo referente a los derechos humanos; la Declaración Inglesa de Derechos; la Declaración de los Derechos de la Convención de Virginia; la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano; y la Carta de Derechos estadounidense.

Es digna de destacar la Constitución del Estado de Pensilvania (Estados Unidos) que data del año 1776 donde se proclamaba que: “la gente tiene derecho a la libertad de expresar, escribir y publicar sus opiniones, por lo que la libertad de prensa no ha de ser controlada”.

Fue esta declaración la inspiradora de la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos en el año 1791, que dice: “El Congreso no dictará ninguna ley relativa al establecimiento de religión o prohibiendo el libre ejercicio de la misma; o coartando la libertad de la palabra o de la prensa, o restringiendo el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a pedir al gobierno la reforma de los abusos”.

Con el paso del tiempo, sin embargo, los intentos por suprimir la libertad de expresión no cesaron (por ejemplo, hoy en día los derechos de la propiedad intelectual aplicados al uso de internet pueden considerarse, en muchos casos, una manera subrepticia de introducir la censura en un espacio “libre” que ahora padece esta mordaza virtual).

En la Unión Americana, por ejemplo, esos intentos hicieron que las protestas se elevaran, desde los juzgados ordinarios hasta el Tribunal Supremo de Justicia. En este último, el juez Oliver Wendell Holmes (Jr.) dio prioridad a este derecho en muchísimos de sus fallos: “Si algún principio de la Constitución exige un compromiso más imperioso que cualquier otro, es el de la libertad de pensamiento, no libertad de pensamiento para quienes concuerdan con nosotros, sino para aquéllos cuyas opiniones aborrecemos”.

La historia nos muestra que la libertad de expresión jamás está asegurada y depende de la honestidad y de los intereses de aquellos que están en el gobierno de turno, como así también del coraje y compromiso en su defensa por parte de los pueblos. Cuando en un país supuestamente democrático comienzan a coartar la libertad de expresión, la situación se vuelve sumamente peligrosa porque éste es el primer paso para arrebatarle a la gente las demás libertades.

Magdalena Cabrera   |  

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