Ante la gran respuesta que ha tenido nuestra serie de notas en el espacio dedicado al Medioambiente, (en nuestra edición impresa), especialmente las relativas al Proyecto HAARP, a los Chemtrails y al fraude sobre el recalentamiento global donde hemos expuesto las verdaderas razones de estos sucesos, decidimos hacer una nueva entrega relacionada con este tan apasionante o preocupante tema, hablando específicamente de estos asuntos referidos a los observadores o vigilantes del cielo, los skywatchers, quienes han surgido debido a la preocupación de la población en diversos puntos del globo para vigilar y analizar qué son realmente y qué pretenden con este nuevo modo de contaminar el planeta.

Muchos lectores nos han enviado material fotográfico y videos, así como también información obtenida por estos vigilantes del cielo que pretenden advertir a la población mundial sobre el peligro y, por supuesto, la ilegalidad de estas operaciones de contaminación.

Recordaremos antes que nada qué son los chemtrails (rastros químicos) y qué diferencia tienen con los contrails (estelas de condensación que dejan los aviones a chorro). Y hablaremos de la función de los vigilantes u observadores del cielo.

¿Qué es un Chemtrail?

La palabra viene de la unión de dos palabras inglesas: chemical (química) + trail (rastro, estela). Fue designada en Estados Unidos hace aproximadamente una década cuando algunas personas empezaros a detectar que sus cielos habían cambiado, que algo raro ocurría en ellos, y comenzaron a denunciar a gritos que ciertos aviones en ciertos días, estaban fumigando encima de sus cabezas. Se supone que en Estados Unidos fue donde empezó el experimento, porque en aquél entonces sólo se veían allí, pero a los pocos años empezaron a verse en otros países desarrollados europeos y americanos, hasta que en los últimos años de la década del 2000, la gran mayoría de países observaban cómo fumigaban los cielos con estos aviones raros, con rutas raras, sin logotipos reconocidos y a días sin seguir patrón alguno. Actualmente hay una gran comunidad de SkyWatchers (miradores del cielo) en todo el mundo, fotografiando, observando y denunciando operaciones de fumigación clandestina secretas sobre la población civil.

Vigilantes-del-cielo-foto-1cieloEstos aviones con sus contaminantes tienen un efecto de apoyo al proyecto HAARP, que manipula el clima desde sus poderosísimas antenas en Alaska y también ahora con los aviones “desconocidos”.

La situación ha llegado a ser tan descarada que en los anuncios de publicidad y películas se incluyen chemtrails para dar sensación de que las fumigaciones siempre estuvieron ahí y que todo es normal. Actualmente una empresa de telefonía móvil inunda nuestras pantallas de televisión mostrando los aviones atravesando el cielo con sus estelas contaminantes que desembocan en el logo de dicha empresa de telefonía celular.

De igual forma los medios de comunicación y autoridades ignoran o niegan el tema ya que no pueden desmentirlo ni explicarlo de manera no comprometedora.

Sin embargo, por todo el mundo diferentes ciudadanos (por supuesto que entre ellos están los vigilantes del cielo) han iniciado juicios a los gobiernos por exponer a su población a dicha contaminación sin mover un solo dedo.

También en Estados Unidos y diversos países de Europa, como el caso de Italia, por ejemplo, se han realizado denuncias porque estos contaminantes enferman a las personas, como se ha repetido infinitas veces, y los síntomas de ello pueden ser algunos de los siguientes: resfríos u otras infecciones; dolores de garganta; irritación en los ojos o en la piel; sensación de olores metálicos o de metal quemado; fatiga crónica, desgano y sensación de sentirse “drogado”; temblores en los ojos; incremento de todo tipo de alergias sin explicación; un gran incremento de casos de cáncer; numerosos problemas del corazón y de alta tensión sanguínea (incluso en gente que practica deportes).

Formas en las nubes

Millones de personas en todo el mundo denuncian que hace 10 años que los cielos no son normales y demandan una explicación con el correspondiente silencio o largas de los gobernantes. La guerra climática es una realidad y vivimos en una década donde ya no es un secreto que los huracanes, la falta de lluvias y las temperaturas atípicas están a la orden del día, provocadas mediante ondas electromagnéticas desde las que llaman antenas de telefonía móvil que se conducen a través de lo que los aviones fumigan a la atmósfera haciéndola densa, irrespirable. Con sólo observar el cielo diariamente, tener memoria y comparar cómo eran en los años 40, 50, 60, 70, 80 nos damos cuenta de que algo extraño y diferente está ocurriendo.

Diferencias con los contrails

Los “contrails” que dejan los aviones son antinaturales por que se producen a bajas alturas (de 2 mil a 5 mil metros), según la Nasa es necesaria una altura superior a 8 mil para que un avión deje una pequeña estela tras sus motores. Lo que dejan tras de sí los aviones que vemos a simple vista no son contrails, o estelas de condensación normales, sino una fumigación controlada, por aviones ilegales y secretos que ni siquiera las torres de control aéreas y sus radares pueden identificar

Manipulando el clima

¿Estarán provocando el cambio climático a través de las fumigaciones que aumentan el efecto invernadero, exterminan la vegetación del planeta y crean una atmósfera conductora mediante los metales que fumigan (aluminio y bario)? Parece que con la excusa del falso cambio climático ahora pueden hacer lo que quieran con nuestro planeta. Fumigar azufre que provoca incendios, verter partículas de hierro al mar y poner en peligro todos los ecosistemas, fumigar el planeta que nos está enfermando, o usar tecnología de radiación para modificar el clima.

Mientras las consecuencias del cambio climático global cada vez son más visibles y pegan con más fuerza a los más pobres, los principales causantes, empresas y gobiernos, lejos de ir a la erradicación de las causas -lo que afectaría sus ganancias y sus votos- proponen arreglos tecnológicos. Estas “soluciones” tienen la ventaja de crear nuevas fuentes de negocios para los mismos actores que provocaron y se beneficiaron de los daños. Aunque la mayoría de las iniciativas, como la reducción de la energía nuclear y la producción masiva de biocombustibles conllevan efectos muy perversos, la tendencia más extrema y peligrosa es la geoingeniería: la manipulación intencional del clima y el ambiente planetario. Existen iniciativas gubernamentales y privadas que van desde la fertilización de los océanos con nanopartículas de hierro (para tratar de bajar la temperatura de los mares y desviar huracanes) hasta lanzar nanopartículas de compuestos sulfatados al cielo para crear una capa que intercepte los rayos solares. Todas tienen en común que podrían causar catástrofes de desequilibrios y contaminación inéditas. El nuevo informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, alerta que en este siglo sufriremos eventos climáticos más extremos y más frecuentes de los que ya hemos visto, con tormentas tropicales y huracanes más fuertes, inundaciones más grandes, olas de calor y sequías más intensas y más largas, avance de la desertificación y aumento del nivel del mar entre 28 y 43 cms. El panel reafirma que el cambio ha sido inducido por actividades humanas, principalmente por emisiones de gases de efecto invernadero. Lo más contaminante son las emisiones de automóviles e industrias, cuya amplia mayoría proviene de países del Norte global. El acelerado proceso de industrialización de China también contribuye significativamente -y México ocupa el lugar número 14 en la lista global- pero muy lejos del principal contaminador, que sigue siendo Estados Unidos. Pese a ello, el gobierno de Estados Unidos, con apoyo de científicos mercenarios, se ha dedicado a negar el cambio climático, justificando así su negativa a cambiar su estilo de producción y consumo. George W. Bush comenzó su gestión anunciando que no iba a cumplir con las ya limitadas metas del Protocolo de Kyoto, -organismo de Naciones Unidas, que se ocupa del tema- porque eso afectaba los intereses de sus industrias. Sin embargo, tiempo después el mismísimo Arbusto (Bush) dijo al New York Times “Dejemos el debate sobre si los gases de efecto invernadero son causados por la humanidad o por causas naturales; vamos a enfocarnos solamente en las tecnologías que puedan resolver el problema”.

Vigilantes-del-cielo---foto-2En ese paquete de tecnologías, están los proyectos de geoingeniería, como la manipulación del clima para evitar, por ejemplo, huracanes como el Katrina . O por lo menos evitar que lleguen a sus costas, aunque quizá el resultado sea que lleguen a las de sus vecinos. La manipulación intencional del clima tiene una larga historia, sobre todo con fines bélicos. La CIA realizó experimentos para provocar lluvias intensas y prolongadas durante las guerras de Vietnam y Camboya, para destruir caminos y cosechas. Este experimento y otros similares motivaron la creación en Naciones Unidas de la “Convención sobre la prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles” (ENMOD por sus siglas en inglés). Pero Estados Unidos continuó haciendo proyectos de este tipo. En un informe de la Fuerza Aérea de EU en 1996, titulado “El clima como fuerza multiplicadora: poseyendo el clima en 2025”, concluyen que el clima “provee una dominación del campo de batalla hasta un grado nunca antes imaginado”, incluyendo la capacidad de desarticular operaciones enemigas provocando tormentas, sequías y escasez de agua dulce. Según la Organización Mundial de Meteorología, 26 gobiernos conducían experimentos de alteración del clima en el año 2000. En el 2003-2004, 16 gobiernos admitieron este tipo de actividades, pero en realidad muchos más están involucrados. Los fines bélicos nunca están descartados, pero los gobiernos declaran otro tipo de fines. China por ejemplo, prometió al Comité Olímpico Internacional que las Olimpiadas del 2008 en Beijing tendrían solamente días soleados, aunque tuvieran que alterar el clima. Y así fue.

Quizá lo más preocupante es la legitimación creciente de estos mecanismos, con la justificación de manejar los efectos del cambio climático. Por ejemplo, los experimentos de fertilizar el océano con partículas de hierro, en uno de los cuales participó México a través del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, (CICESE) en 1995; se proponen aumentar el plancton de la superficie marina. De esa manera se absorbería bióxido de carbono (CO2), lo que teóricamente bajará la temperatura del mar, evitando o suavizando la formación de huracanes. Aunque no hay evidencias de su efectividad y se sabe que esta absorción de CO2 no es permanente, ya existen empresas que explotan esta actividad en forma comercial, vendiendo “créditos de carbono” por la supuesta absorción de carbono. Sobre esto se han publicado estudios científicos en Science , alertando que la proliferación de estas actividades tendrá impactos de amplio espectro sobre los ecosistemas marinos y todo lo que depende de éstos. En lugar de enfrentar las causas reales del desastre climático, la geoingeniería creará nuevas catástrofes.

En todos los países de mundo se presenta un fenómeno similar, son fumigados por aviones “desconocidos” que todos sabemos que provienen del Norte de América. Los vigilantes del cielo han tomado muestras de las sustancias con que rocían la atmósfera con resultados desalentadores: todos contaminantes peligrosos para la salud y la vida de seres humanos, animales y vegetación.

Actualmente algunos funcionarios del gobierno de Obama admitieron esta manipulación.

History Channel también ha difundido diversos videos que muestran esta situación que, en estos tiempos, difíciles de manejar, no tienen nada de novela. Muy por el contrario, queda demostrada una vez más que la realidad supera la ficción.